12.12.05

elecciones presidenciales CHILE 2005 crónica

Un sistema binominal poco democrático

SANTIAGO DE CHILE (12/12/05). Robert Mur
“¡Trabajo, trabajo, trabajo!”, es lo que alcanzaba a decir Sergio Velasco en los dos segundos que duraba su spot electoral televisivo. Dos segundos es el ridículo tiempo que la normativa chilena otorga a los independientes que, como Velasco, aspiraban a plantarle cara a los todopoderosos aparatos de los partidos, cuyos endogámicos candidatos parlamentarios son caras conocidas y tienen tiempos publicitarios colectivos.
Otra candidata independiente a diputada es la mapuche Sofía Painiqueo, que durante sus dos segundos de fama televisiva prefirió guardar un silencio crítico, mostrándose con la boca tapada con esparadrapo. Painiqueo ha sido la única candidata que ha conseguido que un político se desplazase desde España para apoyarla en su campaña, ya que el diputado del Parlament por ERC, Uriel Bertran, pasó cerca de una semana acompañándola en sus mítines por recónditos pueblos del territorio mapuche.
Ni Velasco, ni Painiqueo obtuvieron ayer un escaño en las elecciones legislativas chilenas, donde se escogía la mitad del Senado y la totalidad de los 120 miembros de la Cámara de Diputados. A pesar de que al cierre de esta edición, todavía no había resultados definitivos, antes de la votación ya se podía afirmar que no habría muchos cambios en el parlamento chileno, ni en cuanto a las caras, ni en cuanto a la correlación de fuerzas.
Sin distinción de partidos, el 79% de los diputados (95) se presenta a la reelección, y otros 13 se postulan como senadores. Hasta ahora, en la cámara baja, había 63 diputados de la Concertación y 57 de la Alianza, mientras que en el Senado –exceptuando a los 9 senadores designados y uno vitalicio, que ahora desaparecen- había un empate a 19.
El antidemocrático sistema binominal, que el dictador Augusto Pinochet dejó atado y bien atado en su Constitución de 1980, consagra un bipartidismo casi aritmético entre los dos bloques. Cada circunscripción electoral elige dos diputados y dos senadores. Para que una misma coalición obtenga el segundo escaño, debe duplicar los votos obtenidos por toda la lista contraria. De manera que la segunda lista prácticamente tiene asegurado un representante, aunque los votos de su electo sean ínfimos. Aún así, la Concertación ha conseguido doblar a la Alianza varias veces, pero siempre insuficientemente para conseguir los 4/7 del parlamento necesarios para modificar la ley electoral, una reivindicación del presidente Ricardo Lagos que siempre ha contado con el rechazo de la derecha.
Sin embargo, no está claro que la llamada “oligarquía” política chilena, que copa cargos desde hace años en ambos bloques, quiera modificar el sistema. El politólogo de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez, Cristóbal Aninat, mantiene que “la Concertación dice en su discurso público que lo quiere cambiar, pero creo que a puerta cerrada no es así”.
El sistema impide, además, que nuevas fuerzas entren en el Parlamento. La coalición comunista y humanista, Juntos Podemos Más, recibió en las municipales de 2004 cerca del 10% de los votos y en las legislativas de ayer rondó el 7% y, sin embargo, no cuenta con representación.