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¿Quién es Michelle Bachelet?
SANTIAGO DE CHILE (19/1/06). Robert Mur
A sus 54 años, Michelle Bachelet (Santiago, 1951) ha roto todos los esquemas y se ha convertido en la primera mujer presidenta de un país de tradición machista como Chile. Agnóstica, separada, socialista y exiliada, Bachelet reúne todos los ingredientes para ser odiada por los sectores que todavía hoy apoyan lo que representó el régimen militar del dictador Augusto Pinochet (1973-1990).
Paradójicamente, la mandataria electa debe su triunfo sobre todo a su paso por el ministerio de Defensa (2002-2004) dentro del gabinete del presidente Ricardo Lagos, su padrino político. Recién asumido el cargo, en la retina de los chilenos quedó su imagen femenina subida a un carro de combate mientras dirigía las tareas de rescate de unas inundaciones por las calles de Santiago, en 2002. A partir de esa fecha, su nombre comenzó a aparecer en las encuestas de políticos más valorados y, según ella misma reconoce, fue entonces cuando se planteó postular a la presidencia. Antes, Lagos ya la había incorporado a su gobierno cuando asumió el mando en el año 2000, nombrándola ministra de Salud (2000-2002).
De profesión médico especialista en pediatría y salud pública, esa cartera era ideal para ella. Probablemente Lagos se comportó con ella como el padre ausente o como un viejo maestro, porque le puso a Bachelet públicamente unos deberes que no cumplió, pero que a la larga acabaron beneficiando su imagen como política honesta. El mandatario encargó la ministra que acabara con las listas de espera en la sanidad pública, diciéndole que debía dimitir sino conseguía ese objetivo en tres meses. Puesto que no lo logró al cien por cien, Bachelet dimitió, pero Lagos no sólo no aceptó la renuncia sino que la promocionó a Defensa.
Bachelet no sólo ha roto moldes por ser mujer. Más significativo aún es el hecho de que pertenezca a ese grupo de chilenos y chilenas que sufrieron en sus propias carnes la represión de la dictadura. Y lo fue por partida doble. Primero porque su padre, Alberto Bachelet, general de aviación a quien Salvador Allende había encomendado garantizar los abastecimientos durante la crisis previa a su derrocamiento, fue detenido el mismo día del golpe de estado, torturado, encarcelado y finalmente murió en 1974, cuando le sobrevino un infarto estando en prisión. Y segundo, porque la futura mandataria, que colaboraba en tareas de apoyo a miembros del Partido Socialista perseguidos por el gobierno militar, fue a su vez detenida en 1975, junto a su madre, Ángela Jeria. Ambas fueron trasladadas a Villa Grimaldi, infame centro de torturas, donde sufrieron tormentos por separado. Bachelet nunca ha querido ser muy explícita con aquella negra etapa y siempre ha dicho que no sufrió tanto como la mayoría de sus compañeras. “Me insultaron, me golpearon, pero no me parrillaron… a mí no me parrillaron, pero sí a mis compañeras de celda, entre quienes se encontraba la que nos había denunciado y que en ese momento me pidió perdón”, cuenta Bachelet en una de sus biografías (Michelle, Catalonia : Santiago, 2005). La ex ministra recuerda que muchas de sus compañeras fueron violadas, aún estando embarazadas algunas de ellas.
Años más tarde, la futura mandataria reviviría aquellos días inesperadamente. Durante su cautiverio, su madre fue obligada por los torturadores a presenciar cómo humillaban a un grupo de jóvenes presos que se masturbaban frente a ella. El agente que dirigía la “operación” se llama Marcelo Morén Brito y está actualmente en prisión condenado por crímenes contra la humanidad. Morén Brito vivió un tiempo en el mismo edificio de Santiago donde hasta hace unos días residía la socialista junto a su madre, y coincidían con él en el ascensor.
Tras su paso por Villa Grimaldi, ambas fueron trasladas a otro centro de detención, Cuatro Álamos. Después de las presiones de algunos militares amigos de su padre, consiguieron la liberación y partieron al exilio en 1975, primero a Australia y luego a la República Democrática Alemana, regresando a Chile en 1979.
En el discurso pronunciado el domingo por la noche, tras ganar las elecciones, tuvo un emotivo recuerdo por su padre cuando se refirió a su padre. “Hay alguien que estaría, sin duda, muy orgullosa en este momento, un hombre al que quisiera poder abrazar esta noche; ese hombre es mi padre”, dijo Bachelet, provocando el aplauso de la multitud.
Con esa historia personal, su aterrizaje en el ministerio de Defensa fue una auténtica revolución. El Ejército ya se había depurado de militares en activo vinculados a la dictadura, así que los mandos recibieron a Bachelet de manera constructiva. La doctora había realizado en 1997 un post-grado en ciencias militares, seguramente atraída por la vocación familiar o quizás con un cálculo premeditado. En cualquier caso, la jugada de Lagos fue arriesgada, pero salió bien, y hoy es vista como un paso decisivo en la reconciliación de dos bandos históricamente. La ministra demostró ya entonces su talante negociador y su intención de servir como puente entre la sociedad y unas fuerzas armadas de nefasto recuerdo para los chilenos.
Uno de los puntos más oscuros de su biografía es cuál fue su implicación en un grupo armado que luchaba contra la dictadura, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), coincidiendo con su convivencia de dos años (1986-1988) con uno de los líderes de la organización. Algunos miembros del FPMR han dicho que Bachelet participó en acciones de apoyo del grupo, pero ella siempre lo ha negado, aunque reconoce que estuvo en algunas reuniones.
Sebastián, Francisca y Sofía –de 26, 21 y 12 años, respectivamente- son los nombres de sus hijos, fruto de dos relaciones distintas. Actualmente no se le conoce ninguna relación de pareja, lo que incluso ha sido utilizado para descalificarla durante la campaña por los sectores más reaccionarios.
Su carrera presidencial se inició en 2004, tras abandonar el gobierno. Debía medirse a la ex ministra de Exteriores, Soledad Alvear, en las primarias de la Concertación, pero el mayor apoyo de Bachelet, hizo que finalmente ésta renunciara a su favor.
Durante la campaña, Bachelet ha estado muy protegida por su equipo de asesores, especialmente ante la prensa, lo que ha provocado acusaciones de falta de transparencia. Sus allegados dicen que se ha tratado de una estrategia para no arriesgarse a cometer errores ni a mostrar su auténtico perfil, mucho más izquierdista de lo que demuestra. Sus adversarios han achacado esa restrictiva política comunicativa a la falta de preparación de Bachelet. Todas las incógnitas se resolverán a partir del 11 de marzo.

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